El portal. Cuento entre todos

Cuento escrito  en Facebook el 6 de marzo por María José Durán, Pac Bel, Cruz H. Torres, Jacqui Steinfeld, Rafael Manrique López, Ana Tere Palma y Jose Escudero Ramos.

Idea original y dirección de Jose Escudero Ramos

Gracias por hacer cosas tan bellas.

 

 

Érase una vez una pareja que caminaba por el paseo marítimo de una ciudad que, no hacía mucho tiempo, estaba llena de vida.

Se pararon frente a una villa que parecía abandonada a pesar de que una buganvilla sobresalía, dando vida y cierta alegría, con sus tonos violetas, a unas paredes viejas y descascarilladas, unos muros de piedra y un jardín tenebroso, en el que parecía que el sol tenía prohibido el paso.

Hacía tiempo que nadie pasaba por allí.

 

Penélope: ¿Qué energías sientes ante esta casa?

Joan: Uuuf… Se me ha erizado la piel. Siento que alguien me llama… ¿Entramos?

 

Como si alguien les esperara dentro, ¡clic!, la oxidada verja se abrió sutilmente ante sus sorprendidas miradas…

 

Penélope: Pues parece que nos invitan a que así sea, querido _ respondió Penélope entrelazando su brazo al de Joan como si de una entrada nupcial se tratase.

Juntos, traspasaron el umbral. A sus pies, un camino de grandes piedras formaba una senda serpenteante que les guiaba hasta la entrada de una hermosa y muy antigua casa.

 

Penélope imaginó que allí habían pasado cosas muy buenas en otro tiempo y pensó en un jardín lleno de flores y de niños alegrando todo con sus risas. Era una pena que todo hubiese acabado así de descuidado… Aunque, quizás el descuido era simplemente el tiempo pasado, esperando a otra familia, a otra gente, para llenar de nuevo su jardín de luz, de niños, de alegría. ¿Pudiera ser que les estuviera esperando a ellos?

 

Penélope se quedó un rato como extasiada, pensativa… Así era: un “descuido”, pero como a todo o casi todo, con darle la vuelta se logran milagros…descuido…

 

Penélope: eso es, que le “des cuidos”, -dijo emocionada, casi con un nudo de alegría en la garganta- que le demos cuidados…los dos, que le devolvamos todo lo que fue, todo lo que tuvo, todo lo que era, todo eso y muuuuucho más!!!!

 

Sus miradas se cruzaron, Penélope seguía cada vez más entusiasmada.

Penélope: ¿Qué te parece si limpiamos el camino y le damos vida y color hasta llegar a la casa?

Joan: Esa tarea nos llevará tiempo, tendríamos que pedir ayuda.

 

La imaginación volaba allá donde sus miradas se iban posando.

Penélope: ¿Qué te parece un columpio para nuestros mellizos bajo esa majestuosa magnolia? Y, y…¿y unos peces en ese estanque?

Joan: Sí, y con nenúfares!!!….y unas casitas de madera por las ramas de varios árboles para invitar a los pájaros a continuar el ciclo de la vida en nuestro precioso jardín.

Penélope: ¡Siiiii! Ja ja ja ja.

 

Ni tenían niños, ni peces, ni tampoco sabían mucho de bricolage, pero estaban taaan felices dejando volar la imaginación….

De pronto, la majestuosa puerta de madera de la entrada principal a la casa se abrió, lo justo, para que alguien desde dentro pudiera mirar de reojo.

Con los brazos todavía entrelazados, se apretaron, cual nudo cuando una cuerda es estirada desde sus extremos.

Joan: ¿Crees que hay alguien ahí dentro?

 

Levantaron la vista hacia la ventaja de la buhardilla y allí, en un movimiento rápido, vieron una figura indescriptible, con un halo blanco misterioso que les sobresaltó sobremanera, haciéndoles olvidar sus bonitos sueños y concentrando todo su interés en saber qué ocurría en aquella vieja mansión.

Armándose de valor se atrevieron a golpear la aldaba que adornaba la puerta de madera labrada. Sonó estruendosamente. Tras unos minutos de tensión, la puerta se abrió y apareció una figura que les dejó helados.

Penélope simplemente pudo decir con un hilo de voz: ¿Abuelita….?

 

Penélope: ¡Abuelita!- las lágrimas recorrían sus mejillas- Ya no sé si todo esto es un sueño, ¡oh, cielos”, ¡mi abuela, Joan, está aquí!. ¿Nos hemos muerto? ¿Cómo estás?, ¡te he echado tanto de menos!

El corazón de Penélope latía a mil por hora. Su abuelita sonrió y con esas manitas tan frágiles y a la vez tan únicas y portadoras de sabiduría y de historias, acarició la mejilla a su querida nieta.

 

Abuelita: No, querida, tu corazón no ha dejado de latir, es este lugar, es un portal entre mundos. Al traspasar esa verja nuestros planos, nuestros mundos, se han unido. Una risa tan pura e inocente como la tuya, ha traspasado el portal y su vibración ha llegado hasta mí,  atrayéndome hacia este lugar.

 

Penélope no podía parar de llorar, estaba feliz y al mismo tiempo sentía el dolor que le iba a causar volver a despedirse de su abuela. No le salían las palabras, abrazada a ese pecho tan tierno que tantas veces la había consolado, protegido, acunado….respiraba bien profundo para tatuar el aroma de su piel, de su ser. Ambas se miraban con ese amor tan profundo como es el que se siente por una abuela, como el que se siente por una nieta.

 

Abuelita: No sientas pena porque me vuelva a ir. Ya sabes que siempre estoy a tu lado.

Penélope: Esa sensación que tengo a veces, que hasta puedo oler la merienda que me preparabas, chocolate con bizcochitos, ¿eres tú?.

Abuelita: Sí, cariño, pero bien sabes que no siempre puedo estar en este plano, robaría vuestra energía. Mi lugar está allá, en la luz.

Joan: Lo sabemos bien, abuela. Nos enseñaste como guiar a los desencarnados a la luz. Penélope es  muy sensitiva y te siente tan cerca, tantas veces…

Abuelita: Ambos sois muy especiales, todos lo somos. Recordad que siempre estoy con vosotros, pequeña, cuando desencarné me convertí en uno de tus guías. Siempre estoy contigo, pero no acudiré a ti cuando me lo pidas, sino cuando realmente me necesites.

Penélope: Entonces ¿Por qué has acudido hoy?

Abuelita: Para disfrutar de vuestras risas, no de vuestras lágrimas. Habéis conocido un portal, ahora os toca averiguar qué debéis de hacer con esto.

Joan: Cerrarlo.

Penélope: Noooo, entonces no podré volver a ver a mi abuelita…

Abuelita: Podrás, siempre que realmente me necesites.

 

Diciendo estas palabras, se diluyó en el aire.

 

Penélope grito el nombre de su abuela con cierto dolor…

 

Joan: Deja que se marche, este no es su lugar. Vamos a cerrar el portal que se ha abierto antes de que pase alguna entidad que no corresponde a este plano…

 

La hermosa pareja se cogieron de las manos mientras pedían ayuda a los ángeles rescatadores, a los guías y maestros, para cerrar este portal que se había abierto con las risas y los juegos de los dos enamorados. Cerraron los ojos y… se situaron fuera de la villa, al otro lado de la verja.

Observaron la buganvilla, el magnolio, un estanque con peces, unos mellizos riendo y jugando entre columpios…de pronto salió una señora del interior del caserón, riendo, disfrutando de la vida, diciendo: Joan, estoy en el jardín con los niños, saca la “merienda de la abuela”…

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