Recientemente tuve la oportunidad de hablar con una familia chilena que me hizo ver la diferencia entre despedir un año viejo o dar la bienvenida a un nuevo año. La mirada crea una realidad basada en una gran y única verdad. Por poner un ejemplo, en este momento en el planeta tierra convive el verano y el invierno, pero si yo solo veo mi realidad, defenderé a capa y espada que ahora mismo es invierno en todo el mundo.
Hay dos factores claves para aprender, una es viajar y otra es la comunicación, es decir, hablar y escuchar. Cuando solo habla uno sin escuchar al prójimo, ya se puede intentar hacer ver que la verdad tiene muchas interpretaciones llamadas realidades, pero el punto del vista del prójimo solo será entendido si aquietamos el espíritu y silenciamos la mente con una actitud de querer aprender.
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Qué bueno es poder tener un pasado al que cargarle con nuestros “males” del presente. Nuestra responsabilidad se diluye en el abismo del inconsciente colectivo si en lugar de mirar con coraje de frente a nuestros errores, buscamos a quien hacer responsable de nuestras desdichas.
Leemos en mil artículos y libros de crecimiento personal que el “presente es un regalo”, hasta Kung Fu Panda lo dice en su película: “por eso a los regalos se les dice presentes”. Se publican libros cuyos títulos incorporan las palabras “aquí y ahora” como si fuese la fórmula secreta del éxito y la felicidad. Con tanta información a nuestra disposición y seguimos “luchando por sobrevivir” a nuestros propios errores.
Podemos afirmar que la información no es necesariamente conocimiento y que el exceso de información puede provocar desconocimiento.
Tertulia de Pensamiento Marginal en el Ateneo de Madrid, dirigida por Brígida de Fez-Algara y la Agrupación GAMAN. Con motivo del V aniversario de la asociación, Desam. Ferrández Domenech y Jose Mª Escudero Ramos hablaron sobre la Asociación Susurros de luz, su origen, fundamentos y acciones de voluntariado. La conferencia tuvo lugar el 18 de diciembre de 2022.
Estamos llegando al fin del año 2022 según el calendario gregoriano. Cada ser tiene su propia percepción del mundo basada en una educación que le inculca unas creencias.
El mes de diciembre suele ser un mes muy ajetreado y ruidoso. Fiestas, festejos, reuniones familiares, de empresas o agrupaciones, en donde se suele consumir de todo en exceso, como si tuviésemos que acabar con el excedente del año en lo poco que queda de él.
Para rematar el ruidoso mes, nos reunimos en torno a un reloj que da campanadas, tomamos 12 uvas, por cierto, costumbre que viene del exceso del fruto de la vid que hubo un año, y tiramos petardos y fuegos artificiales.
¿Cuándo nos damos tiempo para el silencio y la reflexión?
Tenemos que hacer el listado de propósitos de año nuevo, esos que, muy a nuestro pesar, muy habitualmente quedan en el olvido a los pocos días de comenzar el año.
Os invito a hacer un juego. Escribirnos una carta con cosas que debemos agradecer o con hábitos que debemos cambiar, como una lista de propósitos de año nuevo a la que añadiremos unas palabras dedicadas a tu mejor amigo, o sea, a ti, en las que te apoyes en el momento que estás viviendo, ya sea salvar un obstáculo, conquistar un desafío, recuperar la salud o pasar el trance pertinente.
Antes de escribir la carta necesitamos encontrar un lugar en donde poder estar en silencio profundo, ese silencio que está dentro de uno, y ponernos en disposición de escucharnos para transcribir los pensamientos que un yo interior nos quiere transmitir.
Una vez escrita la carta, la metemos en un sobre, la franqueamos y se la damos a un familiar al que le pediremos que nos la envíe en una fecha determinada para que nos llegue el día de nuestro cumpleaños, por ejemplo.
¿Qué os parece? Wow, a mí me apetece hacerlo ya…
Si encontramos ese silencio profundo en nuestro interior y nos regalamos una hora del mes, lidiaremos más conscientes con todo ruido externo y además tendremos una sorpresa a lo largo del año en formato “carta a nosotros mismos” que seguro nos llega en el momento en el que más lo necesitamos.
Vamos a buscar ese momento de silencio interior y a escribirnos una hermosa carta.
Hemos de recuperar el valor que tiene la palabra dada… y firmada
-El tiempo es oro_ dijo el empresario a sus trabajadores. -Todos nacemos con una joya interior_ dijo la responsable de recursos humanos. -El dinero no hace la felicidad, pero ayuda a conseguirla_ dijo el administrador. -Dadme tiempo y dinero y hallaré la tan preciada joya interior_ dijo Jonás, el trabajador. Pero para mí lo más valioso es la palabra. Si no vendes tu palabra por beneficios ni dinero, habrás llegado a la cueva del tesoro y esa sí que está en tu interior. -Eso es imposible_ continúo el dueño de la empresa_ firma aquí. Jonás piensa: Ya no tiene valor la palabra. Antes se daba la mano para sellar un pacto, ahora se firman extensos contratos con mucha letra pequeña y anexos que tienes que leer y firmar en tiempo récord. Ahora se trabajan doce horas firmando contratos de ocho. Y se usan las palabras para amenazar: “Hay más gente para tu puesto, alguien hará tu trabajo…” -Firmo. -Pero antes lee el contrato. -No hace falta, tu firma es la cadena que me esclaviza. -No se hable más, las palabras sobran. -Ya, el tiempo es dinero. -Esa es la actitud, llegarás muy lejos en la empresa. Bienvenido a la familia.
Comparto el Editorial de Noviembre que escribo para la Revista Susurros de luz, de la asociación del mismo nombre:
Sociedad de consumo
Vivimos en una atroz sociedad de consumo.
Los hábitos de conducta actuales están consumiendo el planeta, nos están consumiendo, pero no pasa nada porque dentro de la programación neo-lingüística, estamos viviendo en la sociedad del bienestar, aunque para estar bien se tenga que consumir ansiolíticos que provocan graves adicciones.
No tenemos límite.
Tenemos en nuestras manos tarjetas de crédito sin límite de gasto y lo estamos aprovechando al máximo sin darnos cuenta de que cuando consumimos, consumimos el planeta y, a la vez, nos consumimos.