He escrito un relato para un concurso de misterio organizado por un colectivo de Soria en torno a El Monte de las ánimas. El relato tenía que incluir dos frases que ponemos en negrita y como máximo un DIN A4 de extensión.
Manipulables de Jose Mª Escudero Ramos
El periódico decía: han llovido piedras del cielo. ¿Por qué publicaría en portada una noticia así el periódico local más leído de la villa? Abrí el diario y seguí leyendo la sorprendente noticia. Una serie de piedras habían caído del cielo por todo el planeta, al parecer en lugares muy próximos a los círculos de poder: sedes de partidos políticos, empresas con influencia, congresos, senados… Los mejores científicos del mundo esperaban los resultados de las muestras para poder informar a la población mundial pero todo parecía indicar que esos pequeños trozos de material duro y oscuro podrían tratarse de abono, estiércol redondeado, en una palabra: mierda. Pero ¿Por qué llueven piedras en los centros de poder económico y político?
Confirman que hay un peligro, si se está en la zona de influencia de los vapores que emana el estiércol, se corre el riesgo de contagiarse del virus de la avaricia con las trágicas consecuencias que conlleva: abuso de poder, falta de ética y el síndrome de “me lo llevo por la cara”. Los medios comenzaron a transmitir miedos en diversos formatos. Parecía que alguien tenía especial interés en confundir a toda la población, en que desconfiáramos unos de otros. La jugada era maestra. Abonar la desconfianza. Si de verdad existe ese virus, en algún lugar tiene que existir un remedio. Pensé: A que voy yo y lo encuentro. Al ser el estiércol de origen natural mutado en laboratorio, el antídoto tiene que estar en la naturaleza.
Salí de casa deseando descubrir qué había detrás de todo esto. Me dirigí al centro de la ciudad con la esperanza de encontrar algunas de esas piedras del cielo caídas, mierda al fin y al cabo. Según me iba acercando me encontré con un cordón militar que no me permitía acceder a la zona cero. Me senté mirando hacia el parque en el portal de un edificio próximo. De pronto, sentí que algo tocaba mi zapatilla. Bajé la mirada y ahí estaba, como un bicho bola, una oscura piedra semi ovalada junto a mi pie. Se extendió, abrió unos pequeños ojitos y se comunicó conmigo a través de la telepatía. «No confíes en nadie, ni políticos ni medios de comunicación. Están contaminados. Las piedras que han caído, ya sabes, del cielo, no son lo que parece» continúo transmitiéndome. «Tienes que escapar; tú eres el elegido. Ve al valle, verás el río que cruza el horizonte. Serpea la zona, cruza la siembra y entra en la cueva del ermitaño».
Cuando dejé de escuchar esa desagradable voz pisé la piedra. La aplasté. Estaba muy nervioso. Me sentí manipulado. Tuve miedo. ¿No será que quieren que desconfiemos hasta de nuestros pensamientos? ¿Cómo va a hablar un trozo de mierda? Tengo miedo. Pánico. Los humanos somos tan manipulables.