Artículo compartido en Susurros de luz

Me resulta difícil sincerarme. Quién me iba a decir a mí hace 45 años que me iba a costar sincerarme. Han pasado tantas cosas desde 1966. Se dice pronto. Si en vez de decir el año en el que nací, hubiese dicho mi edad hubiera comenzado con una mentira porque podría decir la edad que tengo cuando estoy escribiendo esto; pero entre que se presenta el texto a concurso; gana el premio y se publica, ya no tendría esa edad. ¿Y qué edad tendré cuándo mis lectoras lean esto?

Me consideraréis presuntuoso por escribir que gano el concurso y tal. Es mi obra, escribir es un gran premio, que te publiquen otro, que te lean, buff… un sueño. Que gustes y te lo digan… un regalo para el ego.

Pero el ego no da de comer. Es más, si te despistas el ego te merienda y cena.

Vivimos sobrevalorando todo, desde las incertidumbres hasta las certezas. Leemos libros de desarrollo personal en donde se nos cuenta el beneficio de fluir con la vida, pero queremos tener todo bajo control.

Sigue leyendo en el siguiente enlace (web de Susurros de luz):

Quién me lo iba a decir a mí

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