En mi último día de clase hicimos un desayuno tertulia con los pocos alumnos que ya sabía iban a venir. ¿A quién se le ocurre poner una clase el 30 de junio?
Reunirse en torno a la comida es toda una ceremonia. Me encanta. Une y permite conocernos mejor todavía.
Durante el poco tiempo del que disponemos se pueden abordar pocos temas, pero si moderas bien, puedes escuchar muy buenas historias.
Comenzamos hablando de las típicas frases que vienen a decir algo así como “Me lo vas a decir a mí que llevo treinta y cinco años en esto” o “llevo toda mi vida dirigiendo equipos…”.
Carmen, una mujer que tiene mucha experiencia en la vida, en el barrio, en la lucha vecinal, en la ayuda activa (y no de boquilla), me cuenta que fue a su zapatería de confianza.
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