Crónica carrera Teleco Run

Viene de Susurros de luz

El pasado sábado 10 de octubre corrí la TelecoRun, una carrera en la que eliges qué distancia correr. Se trata de hacer un circuito de 7, 14 o 21 kilómetros. Terminas cuando tú creas oportuno.

Descubrí la carrera que organiza la Facultad de Teleco de la Universidad Complutense de Madrid porque retrasó su fecha, desconozco el motivo. El caso es que gracias a las redes sociales me enteré de que se hacía ahora y como quería probarme para la Behobia – San Sebastián que tengo el 8 de noviembre, decidí apuntarme.

El día anterior a la carrera fui a por el dorsal. La bolsa del corredor incluía una camiseta, una tote bag y un gel. Miré el asfalto de la zona y no parecía malo. «Creo que podré correr descalzo» pensé.

El día de autos llego con tiempo a la zona de salida para tomar café pero la cafetería de la zona está cerrada. La única opción es una máquina de vending. Jo, con la manía que les tengo. Resulta que solo va con tarjeta o monedas y yo llevo un billete de 10 euros y la tarjeta me la dejé en casa. Veo que hay otra máquina de comida que sí acepta billetes. Otro corredor está pidiendo un café y como estoy observando la máquina, me mira y le cuento mi problema. Observo la otra máquina y me pido algo de comer para después de la carrera. El corredor del café me dice «si te hace falta te pido yo uno». Le respondí que ya conseguí cambió y se lo agradecí. Me encanta contar estas cosas para mostrar que hay mucha gente buena en el mundo haciendo pequeñas cosas buenas a cada instante.

Me encuentro con Celso y a una amiga que conocí en la media de Moratalaz hace casi un año. Me gusta encontrarme con personas tan buenas y sanas como Celso y su amiga. Siempre te quedas con ganas de más conversación.

Cuando corro descalzo, me gusta enfocar la energía en una causa, una ONG o situación especial. Hoy quise correr por mi madre. Está pasando un momento de mucha sensibilidad, recién operada de la cadera, con ganas de hacer cosas pero inmovilizada por las circunstancias. Una madre coraje que ha estado siempre al servicio del prójimo y a quien yo sé le gustan los mimos, a quien no, y en este momento los necesita. Así que estos 21 van por ti, querida madre.

Por no hacer la historia más larga, comienza la carrera y la crónica de la misma. Antes del primer kilómetro ya sentía en mis pies que el asfalto no era lo que había pensado. En la primera vuelta sufrí bastante. El circuito de 7 kilómetros se componía de un variado muestrario de asfalto de malo en peor. Rugoso, zonas mal asfaltadas, piedrecitas. Además el recorrido era cuesta abajo y cuesta arriba que vaya por «Dior». En las bajadas mis pies frenaban, podía sentir como rozaba la piel contra el duro suelo. Me sentía mejor en las cuestas arribas pero claro esas cansan más.

La primera vuelta, la de reconocimiento, estuvo animada, muchos corredores optaron por la opción de los 7 kilómetros. Siempre me dicen cosas por correr descalzo así que me deje llevar por el ego del que llama la atención. A pesar de esas bonitas palabras mi mente me castigaba. «No corras descalzo por aquí. Ya te puedes retirar en la primera vuelta». Y luego se defendía: «no te retires, cabroncete, tu madre no tiene opción de retirada».

En la segunda vuelta había menos corredores, poco público, alguna persona animando y las voluntarias y policía municipal haciendo su labor. Mi mente me castigaba todavía más, mis pies sufrían lo indecible «Me quedo en dos vueltas, no tiene sentido entrenar una carrera de 20 haciendo 21 y menos con este asfalto». Pero mi madre venía a mi mente. No puedo fallar. Mi madre nunca me ha fallado.

En el kilómetro 9 más o menos, por la zona de los colegios mayores, cerca del palacio de la Moncloa, veo al final de una cuesta un grafiti de la virgen y al lado Rezad por nosotros.

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