A tope con Susurros de luz
Tengo tres eventos solidarios para Susurros de luz.
Hay para todos los gustos: Visita guiada por Madrid; Curso de Escritura creativa y meditativa; Introducción a la meditación, junto a la Asociación Vive y deja vivir.



A tope con Susurros de luz
Tengo tres eventos solidarios para Susurros de luz.
Hay para todos los gustos: Visita guiada por Madrid; Curso de Escritura creativa y meditativa; Introducción a la meditación, junto a la Asociación Vive y deja vivir.



Por eso repartimos alimentos, nos alimenta el alma.
Una mañana de voluntariado más, no es de las más frías pero se nota estar varias horas de pie esperando a repartir todo lo que llevamos a la puerta de la Casa de Baños en la glorieta de Embajadores. Siempre comentamos lo que se debe sentir dormir al raso toda la noche si por unas horas acabamos helados…
Una mañana más de voluntariado repartiendo calor humano, sintiendo el afecto y la gratitud de los que reciben nuestra ayuda. Hoy hemos dado kits de aseo y hemos pagado las duchas de unas 90 personas. También hemos repartido ropa donada por Mila y Graciela, zumos energéticos, galletas de chocolate, plátanos y yogures, cafés e infusiones donado todo por la Fundación Banco de Alimentos de Madrid. Gracias a ello y a las aportaciones que nos hacen amigos, cooperantes y voluntarios, podemos hacer nuestra labor. Una labor voluntaria a la que nadie nos obliga.
Cuando se nos pregunta por qué lo hacemos siempre respondemos que es una terapia, hasta las mejores psiquiatras como Marián Rojas Estapé la recomiendan para que encontremos nuestro Ikigai, maravillosa palabra japonesa que viene a decir “un sentido a nuestra vida”, o lo que es lo mismo: nuestro lugar en el mundo.
A mí me gusta servir, lo llevo en mi apellido, Escudero. Y me gusta hacer que las cosas bellas sucedan. Por eso, cuando estamos sirviendo Estela, Javier, Desam, Mila o yo, semana tras semana en el mismo lugar, se nos ve y eso nos hace ser estímulos positivos para muchas personas.
Nosotros no “atendemos” al que creemos necesitado sino a los que creemos que tenemos la vida fácil. Ofrecemos al prójimo la opción de encontrar el preciado Ikigai.
Una mañana de voluntariado como la de hoy hemos recibido la atención de una mujer que pasa todas las semanas y se conmueve a vernos. Hoy se acercó a Desam y nos donó cinco euros, con una lágrima corriendo mejilla abajo, porque le gusta lo que hacemos. Quizás tiene ganas de dar más pero su economía no se lo permite. 5 euros es mucho cuando se entrega con tanto amor.
Una mañana de voluntariado como la de hoy, en la que los astros se alinean para que sintamos muchas más emociones, pasa un joven pidiendo un café. Estela o Mila, da igual quien porque todos somos uno, sin preguntar dónde duerme, le sirve un café. El joven no quiere nada más. Se lo toma a un lado de la glorieta mientras observa el trabajo de las voluntarias. Se acerca de nuevo y nos dice que él tiene trabajo, que no necesita nuestra solidaridad y se va al supermercado que hay al otro lado de la calle y nos trae varias bolsas llenas de donuts. Se los da a Desam quien muy hábilmente le dice que se ponga a repartirlos él. Maravilloso ser que además nos hace de traductor con personas del norte de África. Nos cuenta que no entiende como compatriotas suyos acaban robando, que él vino hace años, estudió y trabaja mucho. Entre unas cosas y otras, mientras charla reparte los bollos y los compatriotas le dicen que mejor les de “chocolate” no bollos. Nuestro amigo nos dice que esa actitud le molesta porque “no todos los musulmanes venden hachis y por ellos tenemos mala imagen”.
Una mañana de voluntariado como la de hoy, da sentido a nuestra labor y a nuestras vidas. No hace falta escucharlo en conferencias de prestigiosas doctoras, lo mejor es vivirlo pues ese es nuestro IKIGAI, hacer que las cosas bellas sucedan, por eso lo contamos con humildad, amor y gratitud.
El amor que sentimos es tan grande que no hay palabras que representen nuestro gozo.
Gracias por hacerlo posible.
Gracias
Gracias
Gracias
504 páginas de experiencias, de vivencias, de casos reales de un cura de los que hablan de la teología de la liberación y además la llevan a la práctica.
Francisco Javier Sánchez González es de esos curas de los que se ha de hablar, es de esas personas a las que se ha de escuchar porque su propia vida es un ejemplo para muchos y además lo que cuenta son estímulos positivos, motivos para volver a tener fe en el ser humano, si es que se ha perdido esa fe, o incrementarla, si todavía la mantienes.
Y ya que hablamos de fe en el ser humano, ¿qué pasa si hablamos de Dios? ¿Es un tabú? Si te hace bien creer en que Dios existe, perfecto, si te hace ser mejor persona creer que no, adelante. Cada ser es libre de creer lo que quiera.
No recuerdo bien dónde escuché lo siguiente: Preguntan a un gran maestro espiritual de la India si creía en Dios. Todos quedaron asombrados cuando respondió un No rotundo. El maestro continúo diciendo: “No creo, estoy seguro de que existe”.
Leyendo «Bienaventuranzas desde la cárcel» tienes la certeza de que hay algo tan grande más allá de nuestro intelecto que no podemos concebir, que se te eriza la piel, brotan lágrimas en los ojos y silencias tu mente con un suspiro.
Cuando haces voluntariado en la cárcel, o cuando tienes la posibilidad de hablar con ex-presidiarios, te das cuenta de que todos tienen, tenemos, una historia detrás y que debemos de dejar los prejuicios a un lado para poder mirar a los ojos a aquellos a los que tenemos en frente, y en algunos casos admirar la vida más allá de los hechos que les han llevado a estar, o haber estado, entre rejas.
Todos tenemos una historia que contar y si queremos aprender, hemos de escuchar, de leer en este caso, todo lo que Francisco Javier nos cuenta en sus Bienaventuranzas desde la cárcel.
Durante la presentación del libro a la que pudimos asistir, uno de los ex-convictos con los que Francisco Javier tuvo contacto en la cárcel de Navalcarnero nos dijo que lo que hizo que su vida cambiara es que nuestro querido cura creyó en él.
Ese es el Dios que me gusta ver, el que confía, el que demuestra que se puede cambiar, el que llora cuando ve que las cosas se ponen difíciles pero sigue confiando en el ser humano. Y si lo hace Dios, ¿Por qué no lo vamos a hacer nosotros? Al fin y al cabo Dios nos hizo a su imagen y semejanza al igual que nosotros creamos a nuestros dioses a nuestra imagen y semejanza. Yo soy amor, Dios es amor y eso es lo que me motiva a hacer, a ser y a vivir.
Por eso observo el ejemplo de nuestro querido Francisco Javier y quiero difundirlo.
Gracias por ser el ejemplo que ahora necesitamos.
Bienaventuranzas desde la cárcel de Francisco Javier Sánchez González
Editorial febrero 2024
¿Quién dices que escribe la historia? ¿El ganador? En verdad, unos la escriben y otros la interpretan.
Unos quieren borrar la historia de los pueblos, otros quieren reescribirla.
La identidad de los pueblos se mantiene gracias a los libros, a los museos, a la oralidad, a las personas que cuentan, generación tras generación, el viaje que los ancestros hicieron para que tú yo estemos hoy aquí. Auténticos viajes de héroes en muchos casos.
La historia la borran los que quieren que se repita; los que la enseñan con irascibilidad para que siempre haya eternas divisiones. Nos enseñan más a odiar que a amar o a perdonar. No es fácil perdonar.
Los recuerdos se nublan por las emociones que hemos sentido; los recuerdos no son los hechos sino las propias emociones que sentimos en su momento y las recordamos distorsionadas por el tiempo.
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