Todas las entradas de: Jose Mª Escudero Ramos

Fotógrafo y arte-terapeuta. Me gusta observar y contar lo observado. Escritor, docente, divulgador, facilitador meditación y maestro de Reiki, fotógrafo, artista. Ser humano.

Ruta por la Paz y Meditación Creativa

Marcha Mundial por la Paz y la No violencia

🕊 Ruta por la Paz: armonía y tolerancia en el jardín de las tres culturas.
🌳Lugar: Parque Juan Carlos I.
▶Inicio en la escultura de la Paz
⏩Recorrido por el parque
⏹Llegada al jardín de las tres culturas.
🙏🏻Finaliza con una meditación alrededor de la escultura «el árbol de la vida»
✳Fecha:
23 de noviembre del 2024 (sábado)
🕚Horario : De 11h a 13h.
🌀Punto de encuentro: Escultura de la Paz (zona aparcamiento)
🧑‍🧑‍🧒‍🧒♿ Ruta familiar y accesible para personas con discapacidad
✅ Confirmar asistencia
680618298
aeea.glm@gmail.com
✳Organiza:
Asociación Española de Educación Ambiental  y Susurros de Luz

 

Ruta por la Paz con Asociación Española de Educación Ambiental 

REO DE MUERTE

REO DE MUERTE por Jose María Escudero Ramos

Desde que somos pequeños aprendemos a ser crueles. En el instituto diseccionando ranas o cortando las alas a las moscas para verlas por microscopios. Cazamos la mosca, la miramos, arrancamos un ala, luego la otra, mientras reímos diciendo «mira como da vueltas, ahora ya no puede volar» ¿Quién no ha sentido un revulsivo placer pisando una cucaracha? Cuando se pasea por cualquier vereda y uno ve un hormiguero ¿Quién no ha sentido la tentación de romper la fila de esas pequeñas trabajadoras hormigas arrastrando el pie por toda la hilera o tapar el hormiguero con un palito? Cuando nuestra pisada coincide con cualquier insecto ¿nos planteamos variar la pisada para no hacer mal o pisamos más fuerte para acabar con lo que hay abajo como si no valiese nada esa vida? No justifico el mal que he podido hacer pero sí puedo confirmar que yo, ahora, no soy el mismo que aquel tipo que una noche esperó sentado en el coche, en un mal sitio, en el momento equivocado. Soy la triste conclusión de una serie de malas decisiones.

He tenido 20 años para prepararme y lo único que me pesa ahora mismo es saber que por mucho que me ejecuten, la familia de la persona que murió no sufrirá ningún cambio; su dolor seguirá, su odio permanecerá. Yo no quería que muriese nadie. No quería que acabará así el robo. Yo conducía, ni siquiera llevaba pistola. Estaba esperando a que salieran todos al terminar el robo. Estaba todo calculado. La policía tenía que haber tardado más en venir pero ese agente llegó antes porque estaba cenando con su familia en Nochebuena muy cerca de la nave donde estábamos cometiendo el delito. Ni él ni yo deberíamos haber estado ahí esa noche y ese ha sido mi pesar durante los últimos años.

El director del centro me ha guiado durante todo el día como un gran anfitrión, indicándome en todo momento lo que tenía que hacer a diferentes horas, siguiendo el orden de la agenda de mi último día.

Lo de que uno puede elegir su comida preferida cuando va a ser lo último que va a comer, es un mito. Después de desayunar lo mismo que el resto de reclusos del Corredor de la Muerte, me dejaron hacer unas cuantas llamadas para despedirme de mis amigos y familiares. Por la mañana mi hijo vino a verme. Siente pena a pesar de que yo no he sido un padre ejemplar. Le abandoné cuando era niño, lo mismo que hizo mi padre conmigo después de pasarse unos años abusando de mí. Uno no sabe cómo se va a sentir hasta que no llega el momento de la despedida. Por mucho que uno ensaye el discurso final, no salen las palabras. ¿Qué voy a decir?, ¿qué sé que merezco esto?, ¿qué no es justa la pena de muerte?

Vacié mi armario, luego darán mis pertenencias a mi hijo. Me han permitido escribir una carta. Las últimas palabras son como una mala poesía en labios de un analfabeto. Mucho esfuerzo para decir lo más posible en poco tiempo y todo sale desordenadamente. Lo único que he podido decir con claridad es «Lo siento, no cometas mis errores, toma buenas decisiones. Te amo». Al final creo que soy más afortunado que cualquier familia que sufre la perdida repentina de un ser querido, ya sea por un accidente o por un asesinato. Yo he tenido tiempo para preparar este momento. Y de arrepentirme, pero nunca será suficiente… hasta hoy.

He preguntado al director cómo se siente después de acompañar a tantos condenados al cuarto de la muerte. Siempre se ha mostrado frío y duro pero hoy me ha respondido con una calidez poco habitual. Su respuesta fue que hay casos y casos, todo depende de las personas. Tiene que resultar difícil para él, sobre todo porque no saben cómo vamos a reaccionar a las inyecciones letales. La pregunta que se hacen siempre es si sufrimos o no. Las familias de los que han muerto por nuestra culpa desean que suframos tanto como han sufrido ellos. Normal. Les entiendo perfectamente.

Yo he tenido 20 años para resignarme a morir. Pronto me convertiré en estadística, en un punto especial en la visita al Museo de la prisión. Este negocio da mucho trabajo a la gente de este pueblo que acoge varias prisiones y un corredor de la muerte. Lo más visitado son la silla eléctrica, la cámara de gas, la sala donde se ejecuta por inyección letal y el cementerio.

Llega el momento de la ejecución. Me dirijo hacia el patíbulo. Por mi cabeza pasan muy rápidos miles de pensamientos. Reflexiono, hoy he pasado un día con un humor un tanto especial. Es por los nervios, me imagino. En estos años he leído mucho y he podido averiguar que en estados de estrés surge ese tipo de humor nervioso que ayuda a sostener momentos. La hora en la que he estado con mi hijo no he querido que lo pasara peor de lo que lo está pasando, he hecho un gran esfuerzo para no derrumbarme. El humor ayuda a superar la dureza de la última despedida.

Cada paso que doy me enfrento a mis miedos. Me asusta la muerte pero estos años he hecho la paz con lo malo que me ha traído aquí; la pena que tengo es que no me pueda llevar conmigo el dolor de los que aquí quedan.

La muerte es muerte. ¿Quién puede decir una buena forma de morir? Cuanto más tiempo vivas, más fácil será aceptar la muerte. He tenido tanto tiempo para reconocer el mal que he cometido, pedir perdón y perdonarme, y también para reinsertarme, lo que ocurre es que esto último no se me ha permitido demostrarlo.

En el centro penitenciario he abrazado el mundo espiritual. En la biblia se habla del perdón y del ojo por ojo. Y yo he de pagar ahora por el daño que he provocado. Espero que con mi muerte cese el sufrimiento de todos para que todos podamos tener esa conciencia limpia y cristalina, libre de culpa, libre de juicio.

Dan las once y media de la noche. Me acercan a una camilla con una extensión para los brazos que forma una cruz. Curioso final. ¿Seré como el ladrón bueno o como el malo? ¿Qué me espera más allá? Mis últimos 18 años han sido de una convicción absoluta en un Dios justo que perdona. Ahora espero que me acoja a su lado.

Afuera de la prisión hay dos grupos manifestándose, por un lado los que están en contra de la pena de muerte y por otro los que están deseando que llegue el momento de la ejecución. Llevan años odiando. Por mucho que se argumente a favor de la pena capital siempre queda una última pregunta, si no violan a los violadores, ni roban a los ladrones, ¿por qué matan a los asesinos?

Me pregunto, si se inventase la máquina del tiempo, ¿permitirían que tipos como yo pudieran volver al pasado para cambiar el sentido de tantas vidas? Si fuese así se cambiaría el presente y podría ser un caos. Todos tenemos que pasar por las vivencias que nos han hecho ser lo que somos. La muerte no sólo es que se apaga la vida de una persona, sino el surgir de unas emociones que forman personalidades en base a las vivencias que esos hechos han hecho sentir. En cierto sentido soy una herramienta del destino, una herramienta utilizada para hacer el mal. Alguien lo tenía que hacer y allí estaba yo, junto a la banda, resolviendo la vida y la muerte por una serie de malas decisiones tomadas en un periodo nefasto de mi vida. Actos que llevaron a la muerte a una persona en ese momento, y a la mía, 20 años y dos millones y medio de dólares después. Eso es lo que cuesta mantener a un reo en el corredor de la muerte: abogados, fiscales, costas de los juicios, todo el engranaje judicial y mantenimiento del recluso, además de las inyecciones que conducen al fin.

Me tumbo en la camilla. Me ponen una serie de enganches, no tengo escapatoria por lo que imagino serán para que no me retuerza de dolor en caso de que algo salga mal durante la serie de inyecciones. No es que se preocupen por el reo, es que no quieren que los testigos de esta atrocidad sufran nauseas ni cargos de conciencia. Por lo que he podido aprender, la inyección letal es una muerte rápida si es que todo sale bien. Consiste en tres fases, la primera es la sedación para quedar inconsciente. Inyectan Midazolan y luego una solución salina para limpiar la vía. Tras comprobar si estoy consciente vendrá la segunda fase consistente en un inmovilizador, Bromuro de Vecuronio. Luego otra solución salina y a por la tercera fase en la que se me inyectará Cloruro de Potasio, lo que hará que se me paralice el corazón y muera.

Me atan. Rezo. Estoy solo, separado por un cristal espejo por el que me miran los testigos y familiares tanto de la víctima como los que hayan querido venir de la mía. Yo les he pedido que no vengan. Si ya es duro ver «dormir para siempre» a tu mascota, que no vean mi proceso, no quiero que ninguno de los míos pase por esto. Nadie debería pasar por esto.

Siento la aguja de la vía entrar por mi vena. Me ponen una segunda por si falla la primera. Veo de reojo el gotero y las inyecciones.

Rezo con la mente aunque mis labios también se mueven.

Siento como entra la primera fase. En teoría no puedo sentir, pero siento… agonizar. Se me encharcan muy lentamente los pulmones, me asfixio pero no puedo gritar. Siento la segunda dosis. Me deja completamente inmovilizado pero siento igual, solo que no lo puedo decir, no me puedo expresar. La tercera fase… me quema el sistema circulatorio… una lágrima sale por uno de mis ojos…

Esto es, después de todo, la muerte. Un final no esperado. Purgo mi culpa, ¿estaré realmente reinsertado?

Después de 35 minutos el corazón deja de funcionar. El electrocardiógrafo deja de marcar el ritmo cardíaco y el verdugo certifica la muerte.

Murió a las 00:38 horas

 

Compartido en Revista Susurros de luz

Editorial para Revista Susurros de luz

Comparto el Editorial del mes de Noviembre escrito para la Revista de la Asociación Susurros de luz.

Los cuatro elementos

Mi padre solía decirme que a lo que más temía de las fuerzas de la naturaleza, la que más arrasa, es el agua. Mi padre era de San Sebastián, y yo siempre creí que se refería a esas corrientes de agua que te empujan hacia el mar, aunque nades con todas tus fuerzas hacia la orilla. Cuando el mar tiene resaca es muy peligroso, porque te arrastra. Los remolinos que se forman en algunos puntos también te pueden ahogar sin que uno se de cuenta, ni puedas hacer nada. La fuerza del agua…

Las riadas, las lluvias torrenciales, la fuerza de la gota fría. Los ciclos, que toda la vida se han conocido como El Niño y La Niña, son muy destructivos, y cuando se gestionan mal las alertas o alarmas pueden resultar mortíferas.

La fuerza de la naturaleza y sus cuatro elementos pueden resultar muy destructivos. El elemento agua; el elemento fuego y los incendios; el elemento tierra, corrimientos de tierra, arenas movedizas, o cuando se junta la tierra y el agua y forman las capas de lodo y barro que nos ahogan solo de ver las imágenes; el elemento aire y sus tornados, huracanes, ciclones…

Cuando no se gestionan los recursos de prevención, nos ponemos en riesgo, ya se trate de un incendio o de unas lluvias.

Sigue leyendo aquí:

Editorial Noviembre de 2024

¿Por que correr descalzo por la paz?

Madrid, 29 de octubre de 2024

Escrito para https://theworldmarch.org/por-que-correr-descalzo-por-la-paz/

Pues no hay un motivo, por desgracia hay cientos.
En los lugares donde hay conflicto no preguntan si tienen puestas las zapatillas antes de lanzar bombas. Las víctimas de todas las guerras, los ciudadanos de a pie, corren a refugio con lo que tienen puesto.
En muchos casos las bombas dejan a los muertos descalzos sobre el agujereado asfalto.
¿Por qué corro descalzo?

El 2 de Octubre un grupo de soñadores partió de Costa Rica para dar la vuelta al mundo pidiendo un mundo sin guerras ni conflictos.
La tercera marcha mundial por la Paz y la No Violencia no es un sueño de pocos, es una realidad de muchas personas de todas las razas y creencias.
Yo no puedo hacer mucho, seguir soñando y creando realidades. Por eso corro descalzo, para llamar la atención y generar más conciencia y así muestro mi apoyo a la Tercera Marcha Por La Paz y la Ni Violencia.
Nuestra compañera Sol Bravo ha sido una parte importante de este día pues su energía me acompañó desde el punto de salida hasta el final del recorrido. Nos vimos en cuatro de los seis puntos de la paz por los que pasé. Saber que me esperaba en diferentes partes del recorrido ha sido una gran motivación para mí.

El sábado 26 de octubre, un poco más tarde de las 9:30, partí de la madrileña Plaza de la Prosperidad. Elegí ese punto de salida pues ahí se encuentra un monolito por la defunción de la guerra erigido en 1986. Aquí yace la guerra, pone en una pequeña lápida a los pies del pequeño obelisco. Este monolito se ha convertido en un emblema del movimiento vecinal. En 2013 se remodeló la plaza y el ayuntamiento de Madrid decidió no volver a colocar el monolito, por ello todo el barrio se movilizó exigiendo que se restituyese. En 2018 se colocó, en el mismo lugar, uno nuevo pues del original no quedaba nada.

Con esta idea comienzo la aventura: si el pueblo se moviliza, podemos cambiar las cosas.

El primer punto está muy cerquita, es temprano y no hay mucha gente en la calle. Llego al Mercado de la Paz, allí veo de nuevo a Sol. Durante este tramo pienso en los mercados y reflexiono, si no se negociase con la guerra quizás habría paz, pero la industria belicista da muchos beneficios y la avaricia del ser humando siempre quiera más. Se tendría que prohibir que las empresas vinculas a la industria de las armas coticen en bolsas de mercado de valores, pues cuantos más “valores” se intercambian más valores perdemos.

Continúo hacia la estatua de Mahatma Ghandi, tampoco me pilla lejos. Llegar a sus pies y recordar todo lo que consiguió con sus marchas pacificas, con su lucha pacífica, me emociona. Para mí, Ghandi y Lennon son dos grandes referencias por la paz.

De ahí voy hacia el Hospital universitario de La Paz, situado al norte de Madrid, es un recorrido más largo y cuesta arriba. Voy cómodo pues las aceras por esa zona son más lisas y mis pies lo agradecen. Durante el recorrido pienso en los hospitales destruidos en las guerras, en los hospitales improvisados de campaña, en que no tendría que haber situaciones tan injustas como un hospital lleno de heridos de guerra.

Los hospitales deberían ser lugares tan sagrados como las iglesias, intocables. Me emociono pensando en la cantidad de sufrimiento que puede haber en una guerra.

Siento como mi cuerpo está pidiendo agua, ya me pasó una vez que me deshidraté corriendo 23 kilómetros. Conozco la teoría, en recorridos largos hay que beber aunque no se tenga sed y yo ya llevo 10 kilómetros. Me pregunto si las personas que tienen que hacer largas tiradas huyendo de sus ciudades bombardeadas sabes esto, y si tendrán posibilidad de beber agua por sus largos caminos de éxodo.

Otra reflexión me viene a la mente. La industria de la medicina ha perdido el norte, no quieren gente sana, y recuerdo que la salud no es un negocio, lo que genera beneficios es la enfermedad. Quizás deberíamos sacar del mercado de valores también a las empresas farmacéuticas o médicas porque con la salud no se debería especular, ni tener beneficios, el beneficio debería ser para todos los ciudadanos por igual. Mantener la mente sana en un cuerpo sano. Los miedos enferman, los pensamientos negativos… y las guerras.

En la plaza que une a los diferentes edificios que forma el hospital me encuentro de nuevo con Sol. Aquí paro para beber agua y comer una barrita energética vegana. Foto, vídeo y a continuar hacia la calle de la Paz.

Van pasando los minutos y los kilómetros. Las calles de Madrid se van llenando de gente. Bajo toda la calle Bravo Murillo; la zona cerca del Mercado Maravillas está muy concurrida y he de ir con cuidado de no empujar a nadie. Siempre que puedo voy sobre la calzada, la rugosidad del asfalto es un poco más dura que ciertas partes de la acera. En las aceras hay unas baldosas con puntitos para que los invidentes puedan tener noción de donde hay un paso de cebra, que cuando vas descalzo y llevas ya 14 kilómetros, los sientes mucho, la sensibilidad de los pies, y del corazón, está a flor de piel.

Bajo por San Bernardo, Gran Vía, cruzo la Puerta del Sol, veo a turistas haciéndose fotos, grupos haciendo rutas turísticas, gente esperando la cola para hacerse la foto en el kilómetro 0… giro a la derecha, subo por la calle del Correo, ya menos concurrida, llego al antiguo Teatro Albéniz y veo la paloma de la Paz en un azulejo precioso: Calle de la Paz. Aquí no paro. Pienso que esta calle debería estar en un lugar más de transito para que todo el mundo recuerde que somos seres pacíficos, que queremos vivir en paz. Queremos un mundo en paz.

Sigo hacia la Campana de la paz en el jardín de la Iglesia de San Andrés, en pleno Madrid de los Austrias. Se me hace muy corto el recorrido. Cierto es que está lleno de gente, no puedo correr rápido. No me importa, llego a la meta y me acerco a acariciar la campana de la Paz, regalo del gobierno de Italia a España tras los atentados del 11 de marzo de 2004. Por cierto, hace siglos en Europa los limites de los pueblos se delimitaban hasta donde se oía la campana de la iglesia, donde se dejaba de oír, ahí se marcaban los límites del pueblo. Los sonidos de las campanadas crearon las lindes, las fronteras.

Estaba disfrutando de la llegada, la campana y mis emociones y llegó Sol. Nos abrazamos y sentimos la plenitud del momento. No ha cambiado el mundo, he cambiado yo. Eso no me hace mejor persona pero sí más consciente por eso ahora puedo decir con las dos manos sobre el pecho, justo a la altura del corazón: Sí a la paz. No queremos vivir en conflicto, bajo el miedo de las guerras. Ni las guerras ni la salud son negocios. Que se acabe la especulación. Que las organizaciones que trabajan por la paz dejen de trabajar en mantener las guerras y exijan se cumplan las resoluciones aprobadas hace décadas. Que expulsen de sus organizaciones a los países que mientan o manipulen. Ya está bien de normalizar la falta de ética o de valores… de valores intrínsecos al ser humano. Somos gente de bien y venimos en son de paz. Vivimos al son de la paz y la no violencia.

Gracias, Sol, Carlos, Jesús, Luis, Cristina, Mila y a todas las personas que han mandado palabras de ánimo y sus mejores energías.
Seguimos en la Marcha por la paz.
Seguid la marcha mundial en el siguiente enlace:
https://theworldmarch.org/
https://susurrosdeluz.org

Soy Jose María Escudero Ramos, corredor espiritual.

Corriendo descalzo por la paz, el vídeo

Carlos del Pozo ha hecho este hermoso vídeo sobre mi experiencia de Correr Descalzo por la Paz.

Ha quedado precioso y emotivo

Quiero difundir la Tercera Marcha  Por La Paz y La Noviolencia. Podéis seguir en la web todo el recorrido y por donde van, comenzó el dos de octubre en Costa Ricas, miles de personas alrededor del mundo nos apoyan.  https://theworldmarch.org/

Fanzine Colaborativo El mercadillo de chinchetas, la palmera y su suicidio. KRWNZN 2

Me han invitado a participar en un maravilloso Fanzine y cono no puedo decir que no a ningún proyecto, pues aporté una poesía.  Se trata del Fanzine Colaborativo El mercadillo de chinchetas, la palmera y su suicidio. KRWNZN 2.

Puedes leer mi poesía en las páginas 34 y 35.

Lo que más me ha gustado de la publicación es la manera en que todos los artistas hemos sentido la llamada y hemos dado las respuestas en diferentes formas de arte, desde el tam tam de los tambores hasta el grito de no más guerras. Desde los collages, ilustraciones  y fotografías hasta las poesías y  relatos, Y todo ello magníficamente maquetado por Quino Romero de KRWNZN y Karawanzine.

Gracias por contar conmigo

Puedes leerlo aquí